Clorofila

18 May

 

Mientras camionas, colas, travas y putxs

quieren devenir en lobas, amebas o monstruos

Yo quiero devenir de torta a verdura

Hipersexualidad = trampa, mentira, cajita feliz, pink washing

Y jurándose rebeldes, muchos pisan el palito y devoran el churrasco ¾ de la vanidad on line

Porque dicen que la sexualidad desaforada es símbolo de rebeldía y libertad

Pero mentira, es al revés doña Inés.

Sin carne, devengo verdura, la más insípida, la menos fálica. Jamás pepino.

Verdura Monsanto, que no estoy para esnobismos orgánicos, porque ya me envenenaron, me manipularon genéticamente, experimentaron conmigo, lucraron y nada me dieron. Una lechuga mantecosa estaría bien, o un repollo blanco.

Mientras la obediente (autodenominada) población LGBTTTIQ, se pasea en traje de dos piezas por los pasillos del Congreso, yo devengo verdura

Mientras la horda disidente se cree insolente alardeando sexo decadente,

los malos se instalan en nuestras ciudades y nos comen la comida. Devengo lechuga.

Hastiada hasta el bostezo de la reivindicación de penes lechosos

y vulvas melenudas, yo sin un ápice de represión interna, devengo en humilde hortaliza.

Aceptaré, eso si, sensualidad en mi muerte: Deseo morir gratinada en queso

en el infernal lugar donde siempre he vivido: en el horno.

(Manuela Flúor, desde el Coño Sur)

(Publicado en “

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Escribir una leyenda

Agenda Kuir 2016″, Editorial Trío, Valparaíso, Chile, 2016)

“Corazón generoso, moral flexible”, en nuestra Abya Yala ¿es eso posible?

18 May

Dame afectividad libre y disidente,

no seas celosa linda tú eres diferente,

esa boca loca va conmigo y con tu gente,

no quiero peleas no quiero más incidentes,

no mas posesión, yo quiero más diversión,

tú me gustas así que vamos pa la acción,

libera tu corazón de toda la represión

olvida el dolor que mi amor es creación.

Poliamor, poliamor, poliamor

Corazón generoso, moral flexible”*

(* Canción “Poliamor” , de Torta Golosa,

dúo lesbo feminista reggetonero chileno)

 

Antes de cualquier cosa, debo decir que yo sí creo que puede existir el poliamor, aunque no lo practique yo, eso no quita que crea que en otra gente se puede dar en plena armonía, respeto y alegría. Debo también decir que casos exitosos no conozco personalmente, porque lo que he visto, no es precisamente, lo que yo entiendo por poliamor. Pero claro, no soy un caso paradigmático para esto, mal que mal sumo mas de cuarenta almanaques y en mi generación, a lo sumo se hablaba de “relaciones abiertas” , que a mi entender, dejaba la puerta abierta a muchas cosas, y eso dio pie a llamar así a cualquier cosa que no fuera la tan vilipendiada, patriarcal y conservadora monogamia. Porque las lesbianas odiamos la monogamia tanto como al patriarcado, justamente porque ésta ha sido un mandato para las mujeres, pero no para los hombres.

Mucho más aun en el país donde fui a caer, Chile conocida por su moral medieval, tan estrecha como su geografía. Las argentinas, por ejemplo, creo que bastante más han avanzado en esto, pero hay que decir una cosa, no fueron sino las europeas quienes han desenrrollado mas hilo en el carrete y por eso, el término poliamor se extendió como una mancha de gasolina y luego se prendió el fósforo.

Sabemos ya que el Poliamor, por definición, se trata de una disposición a relacionarse de manera múltiple con varias personas, afectiva y sexualmente, con pleno conocimiento de todas las partes y consentimiento de ellas. Es decir, el mundo perfecto que tanto esperábamos, ya está aquí y llegó para quedarse. Mucha tinta virtual se ha gastado en ello, así que no vale la pena ahondar, lo que yo quiero decir es otra cosa.

Mi pregunta es, si no somos Beatriz Preciado, ni tampoco Femen, ni vivimos la desarrapada movida madrileña en los ochentas, porque en ese tiempo estábamos en plenas dictaduras, entonces ¿Cómo nos tocó toda esta liberación del cuerpo y la mentalidad a nosotras las latinoamericanas, donde hay tantos cuerpos que no se pueden liberar ni siquiera de la opresión familiar y donde las muertes por violencia machista siguen siendo tan crueles? En cuanto a las lesbianas – y digo, hablo más que nada de Chile, que es el país que más conozco – donde ha arrasado la poliamorosidad, ¿hemos podido deconstruir de verdad la posesión de la otra? ¿Hasta dónde?. Me lo pregunto porque a veces veo bajo ese colorido nombre, relaciones que más se parecen un clásico modelo patriarcal de relación abierta, asimétrico por cierto, no igual para ambas partes.

La poliamorosidad no es infidelidad, entonces ¿Por qué he visto a tantas lesbianas sufrir porque su pareja quiere “poliamorar”, pero ella no? ¿Por qué, resulta que a veces una es más poliamorosa que la otra? He visto mucho sufrimiento y hasta violencia en parejas que sostienen aguerridas la bandera del poliamor, por tanto, de verdad creo que muchas veces, sinceramente, las lesbianas nos pisamos la cola. En los varones es diferente, pero no estamos hablando de varones, sino de cuerpos construidos como mujeres, que después pudimos transitar, pero que nos socializaron con la idea de la princesa, que por mucho que le rapemos el pelo al costado, muchas no dejan de andar besando ranas, aunque sean éstas, ranas hembras.

Es que veo con sospecha esa alegría efervescente por el poliamor, porque una cosa es el papel y otra la piel. La banalización del concepto poliamor nos está jugando a veces malas pasadas ¿Por qué?. Primero, creo yo, porque no estamos en Europa, nosotras vivimos mas crudamente el arraigo de los clanes familiares, la pertenencia, y eso en contextos de pobreza es mucho mas duro, porque la familia no siempre es un factor protector, al contrario, los mayores riesgos los viven las mujeres pobres en el círculo familiar, por tanto, no es casualidad que muchas lesbianas latinoamericanas busquemos la alternativa a ese riesgo, y eso está en el vínculo fuerte. Segundo, porque últimamente se ha banalizado demasiado, si no eres poliamorosa no eres, o al menos, no perteneces, y como dicen que lo personal es político, no estás tú en ese grupo, en mi grupo. Otra cosa es que tampoco creo que la reflexión se cierre con un tema generacional, porque he visto cincuentonas o sesentañeras que han llevado relaciones múltiples, con consentimiento informado, de mucho mejor manera que las más jóvenes, (¿será por la herencia hippie?) porque quizás la sexualidad se lleva de otra manera en la juventud y ahora hay mucho más para echar mano: redes sociales, aplicaciones para ligar, mas libertad también, y todo te habla de eso, la música, la literatura. No puedes echar pie atrás porque ya se quemaron las naves. ¿Caemos en la banalización de este hermoso concepto?, a veces, si por un lado una población de lesbianas pide fervorosamente un matrimonio clásico, casi a la antigua, con lento caminito al altar, pero al mismo tiempo sostiene que dentro de ese sueño multicolor, se pueda enamorar cualquiera de las dos, o las dos o las tres que forman esa construcción afectivo – sexual, de otra, otras, o muchas más, entonces nuevamente estamos higienizando con ese caminito al altar, ese deber ser poliamoroso.

¿De dónde viene la banalización del poliamor?, no sé si será algo de clase, tal vez sí, las chicas universitarias quizás estén más abiertas al poliamor que las señoras del barrio… quizás no, pero el tema es que ya es casi un mandato gritarlo a los cuatro vientos, manifestarlo lo más públicamente posible, corear las canciones que lo incentivan, hacer apología de ello, en colores, en estéreo, pintar un enorme mural que cubra toda la ciudad, subirlo a Facebook, twitearlo, instagramearlo, ponerlo en nuestro perfil en Wapa, serigrafiarlo en nuestras remeras, en fin, hacerlo casi un souvenir del posmodernismo.

Insisto, yo no descreo en el poliamor, no soy para nada conservadora ni mucho menos ¡mucho menos! defiendo el amor romántico parejil del binomio monogámico, al contrario, quiero creer que es posible el poliamor y que sería bastante sano por lo demás, más natural, mas verdadero, solo que siento que a Latinoamérica no le ha resultado del todo y la banalización del tema ha colaborado mucho a que esto pase.

Por mientras, eso sí, amémonos todas, amémonos sin miedo, sin violencia, cualquiera sean nuestros acuerdos, amémonos sin , ecesariamente estar en pareja, amémonos aunque seamos célibes o nos guste frotarnos entre nosotras. Ya veremos que pasa.

Manola en la Ola.

(Publicado en “Cuadernos de Existencia Lesbiana” N°2 – Edición 30 Aniversario – Marzo 2016, Buenos Aires, Argentina)

sic-transit

Mi parte mas caliente

17 May

Sobrevaloramos al sexo como si a estas alturas del partido nos liberara de algo. Lo hizo en el pasado, vaya que lo hizo, tomando en cuenta que las mujeres en la historia – la “occidental” al menos – éramos propiedad de los hombres que obligaron por la fuerza a la exclusividad de los cuerpos para con ellos, con la excusa de la legitimidad de la herencia patrimonial, la religión nos impedía el placer mediante amenazas de infiernos quemantes y tortuosos, el psicoanálisis hizo lo suyo también explicando cada conducta a través de una supuesta y sospechosa represión sexual… y los medios de comunicación masivos colaboran día a día con sus granitos de arena sexistas, en su carnaval de culos y tetas de mujeres blancas jóvenes y delgadas que nos recuerdan los moldes vigentes, y que si desobedecemos, tenemos que bancarnos el castigo de su odio y su indiferencia. Me muero de miedo, vieras tú.

Bostezo frente a la rebeldía en pelotas, o frente al supuesto brazo armado de la disidencia sexual, que empuña dildos y arneses cual bazookas, en manos de guerreres de rapadas cabezas y pezones perforados, aunque debo decir, que aún algo de rebeldía queda en la exposición pública de melenudos pubis lesbianos, pero quizás destilarían mas rebeldía si fueran canosos, por ejemplo, y no siempre de jóvenes desenfadadas. En fin, creo que exacerbar el sexo en tanta performance que pretende romper esquemas a través de penetraciones y mas penetraciones, ya tiene menos sabor que un té de apio.

No siempre fui tan fome (aburrida, en chileno) en este aspecto y me declaré tetaterrorista a los cuatro vientos, dejaba mis pechugas a la vista apenas algo me molestaba.. pero eso mas que sexo, era una intención de abofetearles sus moldes heteropatriarcales, dado que soy una cuarentona gorda… ahora ni eso me interesa. Dejó de interesarme cuando la heterosexualidad se apoderó de la guerra sexual: Cosmopolitan empezó a entregar recetas para tener tres orgasmos seguidos “para atrapar a tu hombre”, o cuando las latinas empezaron a imitar a las gringas de Sex and the City, dándoselas de rompe catres y chacales del glande, mientras en secreto (y ni tan en secreto), esperan a su macho salvador. Ningún cuestionamiento, y como dice la vieja consigna, nos transformamos en “las putas impagas del hetero patriarcado”. Al final, quien mas provecho saca es el macho hetero, que finalmente tiene mujeres entrenadas para el sexo, que cuidan sus cuerpos y encima les pagan el motel a ellos. Gana la casa una vez más.

Me agradan muchos artistas que hacen perfomances (actuaciones, para evitar el anglicismo), me he emborrachado con varios y varias, me saco fotos con sus maquillados cuerpos, las subo a Facebook, mas de un roce ha salido por ahí, que se yo, me agrada lo teatral, pero me cuesta aplaudir una actuación que consiste en una mujer desnuda con un arnés follándose a un hombre en una mesa llena de arena, o a dos chicas amarradas que se penetran con un dildo doble, o el meterse un puño hasta el codo, o golpearse las tetas, o lamerse el clítoris bajo una lupa mientras una concurrencia con alto “cool esterol” mira con serio interés. Con todo respeto, son recursos gastados, ya no rompen nada.

Declaro un celibato rebelde como alternativa, no por rechazar el sexo, el orgasmo está literalmente al alcance de la mano, si hay onda con alguien, pues no importa que no haya cama, pero la frenética búsqueda por el sexo, el sexo y el sexo, se las dejo a los adolescentes, que lo disfrutarás mucho mas. Declaro el celibato rebelde mientras lleno de nuevo mi copa con vino, tengo demasiada energía y la quiero usar en romper esta mierda de sistema, en gozar sin mandatos de uno y otro lado, en liberarme de la liberación sexual.

Mi parte mas caliente es mi rabia. La única penetración que nos hará libres, es la de la conciencia.

(Manola en la Ola. Santiago de $hile, primavera 2015.

Publicado en “Cuadernos de Existencia Lesbiana”, Edición Especial 30 años, agosto 2015, Buenos Aires, Argentina, con el título “Declaro el celibato rebelde”)la estrella.png